| Foto: Suministrada. |
Atraída por disfrutar de un ‘jacuzzi natural’ y por conocer las raíces de mi padre, un día llegué a Guadalupe (Santander). Es de esos pueblitos que casi ni se ven en el mapa, como a cinco horas de Bucaramanga por una carretera de las muchas olvidadas en este país.
Guadalupe que, sin duda, tiene por patrona a la virgencita del mismo nombre, es un pueblo bien especial. Es el primer parque que veo con aproximadamente 60 gigantes palmas, todas muy erectas y simétricamente sembradas; un pueblo de pocas calles, escasa gente, pero todo vestido de blanco con verde y donde se podría vivir sin agites.
A Guadalupe un turista sólo llega por muy buenas referencias de otros que han ido, pues no está en ningún plan de agencias de turismo y muy pocos santandereanos lo conocen.
Yo llegué con la guía de un grupo de caminantes, de esos que escudriñan montañas y parajes que otros ni saben que existen, pero que los disfrutan de principio a fin y se convierten en los mejores embajadores.
En Guadalupe me encontré con el ‘jacuzzi natural’ que motivó mi viaje. A ‘Las Gachas’ llegamos luego de una hora de caminata por una trocha. Se trata de una gran losa de piedra que por efecto de la naturaleza se fue abriendo. Cada nido que se ha formado tiene diferentes diámetro y profundidad, y hay tantos como la madre naturaleza ha querido crear. En unos de estos bien llamados jacuzzi hay espacios para una, dos y hasta cinco personas que gozan del agua cristalina y helada que corre río abajo.
Lo mejor de todo es que Guadalupe es un nicho del llamado turismo ecológico, pues además hay una cascada de 90 metros, cuevas, pozos y balnearios, como ‘La Gloria’, en busca de muchos viajeros.
Cuando veo este tipo de paisajes, es cuando pregunto qué he hecho con mi vida. Cómo no sabía de esto?, divina la foto del lugar, ojalá algún día pueda ir.
ResponderEliminarAbrazo!!