sábado, 29 de enero de 2011

Unas letras para un amigo

Los amigos son un regalo del Cielo. Amigos hay para todo, pero creo que los que más disfrutamos son los que son solidarios con nosotros y los que nos comparten el enorme gozo de todo lo que hacen y nos impregnan de su alegría.
Sergio Emiro durante sus primeros días en Barcelona.
A Sergio Emiro, hasta hace dos años ‘parcero’ en el periódico, lo recuerdo mucho y de la mejor manera, porque detrás de ese caballerito de pulida pluma, inquieto porque sus alitas volarán más  rápido que las de colegas de su edad, siempre hubo el mejor de los soñadores, aunque mis ojos no siempre así lo vieron.
La vida está llena de decisiones y, como siempre le dije a Sergio E., hoy la vida está mostrando que ha tomado la mejor de ellas. El cauteloso periodista de ‘Prensa escuela’, el de las páginas de jóvenes y educación supo decir ‘hasta aquí’ y le dio un giro de 180 grados a su rol profesional.
El kínder fue en Bogotá donde trabajó, conoció, estudió, aprendió y se hizo posgraduado para alistarse a una nueva gran experiencia de vida. Hoy, cuando está en Barcelona (España) y se prepara para estudiar una maestría, los sueños del joven profesional se convirtieron en su proyecto de vida que, espero, lo traigan de nuevo a nuestro país hecho un gigante y lleno de saberes.
Sus alas se expandieron y volaron más rápido que cualquiera de los pronósticos. Una experiencia para aplaudir, y por eso mi aprecio y cariño que siempre le manifesté hoy son mayores, y mi corazón se  regocija por saber que está conquistando sus sueños.

miércoles, 26 de enero de 2011

Jeison, un aventurero aguas abajo

Ver que todos somos tan distintos me maravilla y hoy me motivó a escribir esto. La moraleja que me quedó es que hay que desempeñar con gusto, y mucho mucho, lo que se hace para sobrevivir. Así que yo en el pellejo de Jeison estaría desempleada.
Al fondo, vestido de negro, Jeison.
Vive en el agua, pues tiene por oficio ser guía de la balsa de quienes deciden hacer canotaje. Lleva tan sólo dos años en el oficio, pero por todo lo que cuenta creo que podría ser el más versado de  los balseros del río Fonce (Santander - Colombia).  Conoce sin tapujos el río, o por lo menos el trayecto de una hora y 40 minutos que hace parte de la odisea.  Con su remo en cuestión de segundos logra orientar  otra vez la balsa para seguir aguas abajo, como si nada, lo que instantes atrás no pudimos seis turistas.
Habla de remolinos, saltos, rápidos, rocas, caídas y la forma en que hay que abordarlos de caer en uno de ellos.  En palabras, todo suena sencillo, y de seguro para él lo es, por eso insiste en que el secreto está en guardar la calma cuando se cae al agua. Para mí, muy complejo desde donde se le analice.
También habla de sus cursos, sus travesías por el río Suárez,  lo segura o no que puede resultar la  balsa, sus competencias, sus ganas de ser guía internacional de canotaje y de sus cuatro recorridos al día cuando los turistas abundan.  Sin duda, las historias de Jeison resultan agradables para quienes decidimos ponernos chaleco, casco y aferrarnos al remo para que el río hiciera de las suyas.  Sin embargo, pese al dominio que demuestra como guía y la confianza que transmite, me llamó la atención que de todos los balseros fue el único que se encomendó al Creador instantes previos a esta aventura.