domingo, 24 de abril de 2011

El jacuzzi natural de 'Las Gachas'

Foto: Suministrada.
Atraída por disfrutar de un ‘jacuzzi natural’ y por conocer las raíces de mi padre, un día llegué a Guadalupe (Santander). Es de esos pueblitos que casi ni se ven en el mapa, como a cinco horas de Bucaramanga por una carretera de las muchas olvidadas en este país.
Guadalupe que, sin duda, tiene por patrona a la virgencita del mismo nombre, es un pueblo bien especial. Es el primer parque que veo con aproximadamente 60 gigantes palmas, todas muy erectas y simétricamente sembradas; un pueblo de pocas calles, escasa gente, pero todo vestido de blanco con verde y donde se podría vivir sin agites.
A Guadalupe un turista sólo llega por muy buenas referencias de otros que han ido, pues no está en ningún plan de agencias de turismo y muy pocos santandereanos lo conocen.
Yo llegué con la guía de un grupo de caminantes, de esos que escudriñan montañas y parajes que otros ni saben que existen, pero que los disfrutan de principio a fin y se convierten en los mejores embajadores.
En Guadalupe me encontré con el ‘jacuzzi natural’ que motivó mi viaje. A ‘Las Gachas’ llegamos luego de una hora de caminata por una trocha. Se trata de una gran losa de piedra que por efecto de la naturaleza se fue abriendo. Cada nido que se ha formado tiene diferentes diámetro y profundidad, y hay tantos como la madre naturaleza ha querido crear. En unos de estos bien llamados jacuzzi hay espacios para una, dos y hasta cinco personas que gozan del agua cristalina y helada que corre río abajo. 
Lo mejor de todo es que Guadalupe es un nicho del llamado turismo ecológico, pues además hay una cascada de 90 metros, cuevas, pozos y balnearios, como ‘La Gloria’, en busca de muchos viajeros.

sábado, 23 de abril de 2011

Mi voz es por la piscina de ‘El Gallineral’

Hay sitios públicos que se sienten tan propios que cuando dejan de estar ahí toda una comunidad los reclama. 
Así ocurre con la piscina del Parque ‘El Gallineral’ en San Gil, un paradisiaco lugar de 4 hectáreas. Se trata de una gigantesca piscina de corte rústico que se surte de las aguas de la quebrada Curití y está rodeada de frondosos árboles que hacen del lugar el sitio ideal para un refrescante baño. En diciembre y las festividades de enero el lugar parece ‘un hervidero’, pues se llena de cientos de bañistas que a nado o en neumáticos se gozan el lugar.
Sin embargo, desde hace más de un año la piscina dejó de funcionar y, por lo que se ve a primera vista, parece estar olvidada. 
Según versión de algunos empleados del lugar, la piscina debe ser adecuada a las normas de seguridad que por ley se establecieron para estos lugares, por eso fue obligado su cierre. Hoy, la piscina de ‘El Gallineral’ está a medio llenar, llena de lama y el chorro de la quebrada Curití se deja asomar por uno de sus costados, pero los trabajos que la transformarán no se ven por ninguna parte.
Lo cierto es que uno de los símbolos de los sangileños demanda pronta acción de sus administradores. Los turistas y el único parque natural de Colombia en zona urbana no pueden quedarse sin su particular piscina.