lunes, 28 de febrero de 2011

Los famosos almuerzos de Héctor


Héctor, en el restaurante La Torre.
Héctor tiene un oficio corriente en un pueblo corriente. Sin embargo, una historia desempolvada 200 años después le ha cambiado su día a día en los últimos seis meses.
Héctor Chacón es el administrador del que debe ser el mejor de los restaurantes de Guane, un corregimiento del municipio de Barichara, en Santander. Hoy,  si es un día corriente en Guane, Héctor debe estar vendiendo sus 8 ó 12 acostumbrados almuerzos. Pero el día que yo estuve en el restaurante La Torre él vendió almuerzos por montón. Un día como ese,  este barichara despacha entre 60 y 70 almuerzos, y muchos sin olor a  ‘corrientazo’.
A Héctor y su familia les correspondió atender una peculiar comitiva. Criollos, sirvientes, esclavos y hasta españoles, pero todos más colombianos que la arepa y los frijoles, llenaron sus mesas ese día peculiar. Todos, sin excepción, llegaron allí  por ‘La Pola’,  la serie que puso a rodar algunas de sus escenas en este pueblito que aún se viste de colonia.
La mayoría de los comensales son extras, sólo eso. Unos vienen desde Bogotá y otros tantos son traídos de Barichara y sus alrededores. Otro grupo corresponde a lo que llamaría equipo de técnicos, producción y logística de la sonada serie.  Pero, aunque con los famosos no ha compartido su sazón,  Héctor se ha dado el gusto de tener en su negocio a unos de mayor casta actoral: La Pola y Miguel Sabaraín, y hasta se ha tomado fotos con la actriz Zharick León.
Pero eso de estar entre famosos resulta más nuevo para mí que para Héctor. Años atrás, según me contó, trabajó en un balneario en Barichara donde conoció y atendió a muchos famosos. Allí llegaban actores de series como ‘Padres e hijos’ en busca de algo de intimidad. Quizá allí, sin saberlo, Héctor escribió el prólogo de sus hoy famosos almuerzos.

martes, 8 de febrero de 2011

Oruro y su carnaval

Un día decidí montarme en la ruleta que me llevó hasta Oruro, un pueblo que ni siquiera sabía que existía, pero que luego de años lo tengo entre el mejor de los recuerdos de mis viajes.
Allí estuve dos días, obligada a dormir  en un carro dentro de un parqueadero, y a medio bañarme, porque fue imposible encontrar cupo en un hotel, o al menos en uno que amortiguara nuestro presupuesto. Pero eso no importó, pues la misión era una sola: disfrutar de los Carnavales de Oruro. Y la misión se cumplió mejor de lo pensado.
En los entierros y carnavales los pueblos se trasforman. Las danzas, la música, los coloridos vestidos, las máscaras y grandes penachos, y el desfile de las que parecen interminables comparsas, revolucionan a Oruro. Miles de turistas de todas partes llegan para conocer una celebración milenaria, en la que el folclore de la tierra boliviana hierve.
Para los participantes han sido meses de trabajo, de ensayos, de elaboración de sus vestimentas y de mucho esfuerzo económico para asistir a esta gran fiesta, que cada febrero ese pueblo minero la realiza en honor a la Virgen del Socavón.
Aunque la celebración dura más de una semana, yo pude participar en algo así como el día de cierre, en el que miles de bailarines y bandas musicales desfilan sin cesar; un grupo tras otro y otro y otro aparecen a lo largo de una gran calle. De todas partes salen bailarines… hombres, mujeres, unos más jóvenes otros ancianos y hasta niños… Todo el mundo quiere bailar y para eso se preparan casi todo el año. Cada danza tiene su nombre y significado, pero las más tradicionales son la de la Diablada y los Caporales.
Y como el homenaje es a su virgencita, no pueden faltar en el desfile los carros forrados en decenas de imágenes elaboradas en plata, que representan la mejor de las ofrendas de los mineros a su patrona. Es único, algo así como un museo rodante, algo que mis ojos no habían visto ni han vuelto a ver.
Luego de un extenso recorrido de no menos de 4 kilómetros y al menos 20 horas, bailarines, músicos, carros y turistas llegan al Santuario del Socavón donde se venera a la virgen. Allí, el festejo no termina, pero al menos el homenaje a la patrona se ha cumplido con todos los honores.